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Brexit, un nuevo reto para la Industria del Transporte y la Logística.

 

La decisión adoptada en referéndum, conocido como Brexit,  por el Reino Unido de abandonar la UE (Unión Europea)  ha sido sólo el preámbulo de una tormenta social, política y jurídica que se aproxima, con un plazo de vencimiento  de dos años.

El  Sí al Brexit ha supuesto un duro golpe para los ciudadanos europeos y su  primera consecuencia ha sido  la devaluación de la libra esterlina y la pérdida de poder adquisitivo del ciudadano británico, poniendo a temblar de frio instantáneamente al sector turístico mundial.

Uno de los sectores económicos que se verá más afectado será el del Transporte y la Logística, por lo que organizaciones internacionales como OECD (Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo) o IATA (Asociación de Transporte Aéreo Internacional) , o nacionales como FENADISMER (Federación Nacional de Transportes de España) rápidamente han realizado  informes ( consultar en los enlaces anteriores )  para analizar el futuro impacto económico de la salida británica.

Las principales preocupaciones de los expertos ante el Brexit consisten en tomar las medidas necesarias para garantizar una estricta legalidad y un tránsito estable para los diferentes operadores logísticos.

Las revisiones de los tratados se centrarán sobretodo en afrontar la reconstrucción de aduanas, adoptar acuerdos de tránsito de mercancías y personas, y legislar en materia de seguridad, control y acceso de mercado para las empresas del sector.

En estos momentos la realidad más pesimista a corto plazo implica la aparición de nuevos aranceles, una subida de precios en las importaciones y exportaciones, mayor trabajo burocrático  y unos plazos de entrega y servicio más largos.

De momento calma.

Así todo los analistas hacen un llamamiento a la calma, ya que las negociaciones tienen un periodo de duración de dos años y los propios intereses británicos (51% exportaciones hacia la UE frente a un 6% recíproco) implican una negociación no muy agresiva.

Los dos escenarios más posibles a los que nos dirigimos hacen creer que el Reino Unido deberá escoger entre un modelo  de país asociado o asimilado al Mercado Común Europeo al estilo de Islandia, Noruega o Suiza frente a un modelo económico respaldado por la pertenencia a la Organización Mundial de Comercio (OMC) y convenios bilaterales en casos puntuales, como es el caso de EEUU.

 

 

 

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